Mimosa, Tamarindo y Jacaranda: comenzando el viaje desde la semilla
En el mundo del bonsái, a menudo nos venden la idea de que empezar desde semilla es un camino lento y frustrante. Sin embargo, hay un grupo selecto de especies tropicales que rompen esa regla. Son las "reinas de la gratificación instantánea": la Mimosa pudica, el Tamarindo y la Jacaranda.
Estas tres semillas son fáciles de encontrar en Amazon o centros de jardinería, germinan con una tasa de éxito altísima y nos permiten observar el milagro de la vida en cuestión de días. Pero, ¿cuál es la mejor para nuestro objetivo de crear un bonsái de interior? Vamos a descubrirlas.
Famosa por cerrar sus hojas al menor tacto, la Mimosa es la favorita de los niños y los curiosos. Su germinación es casi mágica: un remojo de 24 horas y ya está lista para la tierra.
Quizás la mejor sorpresa para el bonsaísta principiante. Puedes comprar las vainas en cualquier tienda de alimentación asiática. Sus semillas son duras como piedras, pero una vez que despiertan, son imparables.
A diferencia de la Mimosa, el Tamarindo desarrolla un tronco grueso y retorcido muy rápido. Sus hojas compuestas son elegantes y su madera se deja trabajar bien. Es, sin duda, el candidato más serio de este trío para convertirse en un bonsái de interior respetable.
Conocida por sus espectaculares flores moradas, la Jacaranda (*Jacaranda mimosifolia*) crece a una velocidad vertiginosa. Sus semillas son pequeñas y aladas, y germinan con mucha facilidad si mantienen calor y humedad.
Aunque cada una tiene sus trucos, las tres responden maravillosamente a este método sencillo:
Si buscas diversión y curiosidad, elige la Mimosa. Si quieres velocidad y estética floral, elige la Jacaranda. Pero si tu objetivo es un Bonsái de Interior con carácter y tronco interesante, mi recomendación es el Tamarindo. Es el equilibrio perfecto entre facilidad y potencial artístico.
Empezar desde semilla nos enseña a respetar el tiempo de la naturaleza. Mientras esperamos esos primeros días, estamos construyendo la base de una relación que durará años. Ya sea con la tímida Mimosa, la elegante Jacaranda o el robusto Tamarindo, el primer paso siempre es el mismo: confiar en la vida que duerme dentro de esa pequeña cáscara.